Conseguir que mis ganas de viajar se calmen, solo lo consigo escribiendo de viajes. Por eso seguir contando mi interesante verano, mantiene vivo mi espíritu viajero.

Nuestro tercer día en Viena fue de lo más intenso. Nos cuesta madrugar, pero después de un buen desayuno en el Hotel, vamos en dirección al Palacio de Belvedere.

La estación de metro Südtirolerplatz nos deja un poco alejados, pero aún así es la que está más cerca. Callejear por otra zona de Viena nos hace darnos cuenta de lo grande que es la ciudad.

Una vez allí, tenemos que esperar un poco de cola en la taquilla para sacar las entradas. Queremos el boleto Klimt, que incluye el Belvedere Superior y el InferiorAdultos: 20€; niños y adolescentes hasta 18 años: GRATIS. https://www.belvedere.at/de

Comenzamos por el Belvedere Superior y ya solo por el interior del Palacio y sus jardines, merece la pena la visita. La entrada incluye la audioguía, aunque al principio nos resultó un poco liosa igual que el plano del Palacio. Lo que está muy bien señalizado es cómo llegar al cuadro deseado del museo: “El Beso”, de Gustav Klimt.

 

Klimt del cual había estado aprendiendo muchas cosas antes de viajar a Viena, me fascinó su obra su vida resulta un tanto peculiar.

Lo que más conocemos de él es su extravagante forma de vestir, siempre con ropas muy anchas y con chanclas. Klimt tenía poca vida social, aunque en su casa junto con él, su madre y un hermano o hermana (no recuerdo bien), vivían dos o tres modelos, mujeres siempre, para poder pintarlas en cualquier momento y en cualquier situación…

Se cree que fue padre de 14 hijos y estuvo toda su vida enamorado y con una relación con Emilie Flöge, pero nunca llegó a casarse con ella.

Klimt veía a la mujer como la salvadora del mundo y decía que “Todo arte es erótico”, o que “El Arte es una línea alrededor de tus pensamientos”.

En el Belvedere hay muchos cuadros de Klimt, pero el que se lleva el premio al más visitado, y la verdad no decepciona en la realidad, incluso con la sala llena, es El Beso ¡Es precioso!

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El Beso pintado entre 1907 y 1908 tiene 3 interpretaciones (nunca dijo su significado):

  1. El hombre es Klimt y la mujer Emilie.
  2. La mujer podría ser alguna de sus modelos.
  3. Puede tratarse de un tema mitológico: Apolo y Dafne.  https://redhistoria.com/mitologia-griega-apolo-y-dafne/

Otra curiosidad es que la obra se compró antes de terminarla. Klimt usó hojas de oro en distintas partes. El cuadro está cargado de simbolismo. Las formas rectas solía utilizarlas para representar al hombre y las circulares a la mujer.

Ni que decir tiene que disfruté muchísimo del cuadro, tardé en irme de la sala y al final de todo el museo tuve que volver.

Otros cuadros de Klimt me hacen detener, al igual que otros artistas “peculiares” que formaban parte de los nuevos movimientos que surgían para romper con todo lo anterior, como Egon Schiele y Oscar Kocoschka. Los tres fueron representantes del expresionismo austriaco.

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Para mi sorpresa encontré y sin saberlo otro cuadro que vemos en los libros de historia sobre Napoleón Bonaparte, representando al Romanticismo. El famoso cuadro de Jacques Louis David “Napoleón en el Paso de St. Bernhard”, en los Alpes, con toda la historia curiosa que conlleva el hecho histórico. Existen 5 versiones del cuadro y ¡¡¡en el Belvedere hay una!!!

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En el museo pudimos ver además, cuadros pertenecientes al Realismo, Impresionismo, expresionismo,…

Como os podéis imaginar la visita al Belvedere puede durar todo un día si quieres ver el Superior y el Inferior. Utilizamos solo la mañana y decidimos ver los jardines y no entrar en el Inferior, con tres adolescentes ¡creo que habíamos cumplido!

Caminar viendo el estanque, los jardines, diseñados por el mismo arquitecto y paisajista de Versalles André Le Nôtre, con los edificios uno enfrente del otro es un bonito paseo.

Salí del Palacio de Belvedere con la sensación de que un pequeño sueño, se había cumplido.

Paseando por la zona de Viena que tiene el mismo nombre que el Palacio: Belvedere, llegamos a la Plaza Schwarzenber, donde hay una estatua del principe Schwarzenberg, líder del ejercito austriaco y alemán frente a Napoleón en la batalla de Leipzig. Es una plaza poco popular en Viena por distintos acontecimientos.

Lo que hicimos por la tarde, lo dejaré para otra entrada porque también merece la pena estar despejados para ver bonita Iglesia de San Carlos Borromeo, el fotografiado Parque de Stadpark y un tranquilo paseo por el Río Danubio.

Las fotografías y los comentarios son de Imagina y Vive Tu Viaje en Viena.                       Julio 2018.