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Imagina y vive tu viaje

~ Paseos, rutas y viajes.

Imagina y vive tu viaje

Archivos mensuales: marzo 2026

Bilbao entre dos instantes

22 domingo Mar 2026

Posted by Una Viajera in Dando gusto al paladar en..., De cafés..., Otras ciudades España, Paseos Cortos, Pequeños Grandes Viajes

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@bilbao, @bizkaia, @euskadi, @iglesia, @mercados, @paisvasco, @paseos

Día 3, tarde: Basílica de Nuestra Señora de Begoña. Calles y otras iglesias de Bilbao.

Diario de mi viaje: volvemos a estar solos en Bilbao, tres días pasan volando. Me he reencontrado con la ciudad; he descubierto uno de los museos más interesantes y bonitos que he visto, el Guggenheim; he contemplado Bilbao desde su mirador más emblemático; nos hemos empapado de la historia y conocido algunos de los edificios más importantes de Bilbao; aún queda descubrir la Basílica de Nuestra Señora de Begoña.

Desde la Alhondiga vamos andando hasta el Casco Viejo y todavía seguimos encontrando edificios preciosos que llaman nuestra atención como el Teatro Campos Elíseos Antzokia, edificado entre dos dos primeros años del siglo XX. Encontramos otros los atrapamos en una foto y nos tomamos un café y un rico zumo.

Así llegamos al Casco Viejo a la Plaza de Miguel de Unamuno, allí está el ascensor que por 0,45€ nos subirá a Begoña. Se puede ir andando, pero como hay una cuesta con tramos de escaleras preferimos hacerlo de bajada.

El ascensor te deja a unos 5 minutos de la basílica, en la colina de Artagan, puedo imaginarme como suben los peregrinos buscando un espacio de paz y de recogimiento.

El Santuario es también conocido cariñosamente como «la Amatxu», Su estructura actual, de estilo gótico, alberga la venerada talla medieval de la Virgen de Begoña, patrona de Bilbao y de Bizkaia, además posee un conjunto artístico que combina vidrieras, retablos y obras de distintas épocas. Hoy es un símbolo espiritual y cultural profundamente ligado a la identidad de Bizkaia.

Puede que haya conseguido indulgencia durante 100 días (ver foto 2 del carrusel que está encima de estas letras). Estamos como una hora dentro y en su exterior y empezamos la bajada. Tengo que decir que es un paseo muy bonito.

En esta bajada que parece idílica, lo fue hasta llegar casi a la plaza de Unamuno, porque en un momento en el que los turistas parece que han desaparecido, un joven cuya nacionalidad no viene a cuento, quería entablar conversación con nosotros con el claro objetivo de robarnos el reloj con la técnica «te doy la mano y te lo quito» vete tu a saber cómo. Si tú que estás leyendo piensas que no sería para tanto, tengo que decir que como no le dimos la mano y nos fuimos muy rápidamente, él nos adelantó y en la plaza se encontró con otra persona y empezaron a seguirnos… en fin fue un momento de bastante angustia, (en los viajes a veces pasan cosas que no son tan buenas), después de jugar al despiste y no con poca dificultad conseguimos perderlos de vista, pero estábamos para pocas visitas… Nos metimos en la Catedral de Santiago por eso de acogernos «a sagrado» (como en la Edad Media).

Con el susto en el cuerpo pero un poco más tranquilos decidimos ir andando por el paseo que lleva al Guggenheim e intentar poder fijarnos en otros detalles, inevitablemente miramos para atrás de vez en cuando…

Bueno una experiencia mas que un tiempo después me he dado cuenta, no he olvidado… Dejamos atrás el Guggenheim, ya nos despedimos de él y de esa zona para buscar un lugar donde picar algo y volver a nuestro hotel a preparar la maleta, volvemos a casa al día siguiente después de comer y tenemos que dejar todo listo por la mañana.

Día 4, mañana: San Antón y el último paseo.

Se queda todo preparado en la recepción del hotel para cuando lleguemos cojamos la maleta y al aeropuerto. Nos queda toda la mañana para llevarnos un buen sabor de boca de Bilbao. Regresamos a la iglesia de San Antón, esa que estaba al lado del Mercado de la Ribera y que solo vimos por fuera en el free tour, en ese artículo hablo un poco de su historia. Ahora enseño un poco el interior.

Su pórtico es renacentista, su campanario barroco y el resto de la iglesia gótico. Su interior, debido a las constantes inundaciones e incendios es bastante sobrio, ya que muchas de sus obras de arte se han perdido. Son importantes sus bóvedas de crucería, el retablo del altar mayor y las pinturas de Ignacio García Ergüin, pintor bilbaíno muy importante que también ha hecho murales para el Athletic Club.

Ya que estábamos cerca del Mercado de la Ribera, nos tomamos un rico café en uno de sus bares.

Solo nos queda una cosa antes de irnos a casa y es ir al bar El Globo para comer su famoso pintxo de Changurro. Bueno y otros que llamaron nuestra atención…🤣😉

Regresamos a Madrid con algún sentimiento encontrado por todo lo sucedido, pero tengo claro que seguro volveremos…

GRACIAS POR LLEGAR HASTA EL FINAL! SI TE HA GUSTADO, HÁZMELO SABER.👍✍️ME HARÍA MUCHA ILUSIÓN LEERTE Y SEGUIR COMPARTIENDO RUTAS Y VIAJES.🗺️🫶

Las fotografías y los comentarios son de Imagina Y Vive Tu Viaje en Bilbao. Puente de Mayo de 2023.

Bilbao en dos tiempos: del free tour a la Alhóndiga que sorprende

15 domingo Mar 2026

Posted by Una Viajera in Dando gusto al paladar en..., De cafés..., Otras ciudades España, Pequeños Grandes Viajes

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@arte, @artecontemporaneo, @bilbao, @bizkaia, @euskadi, @freetour, @iglesia, @mercados, @paisvasco, @visitasguiadas

Diario de mi viaje: es nuestro tercer día de viaje en Bilbao, el último para nuestros amigos, se irán a Barcelona a media tarde. (Aquí nuestro primer y segundo día).

Día 3. Free tour por la ciudad. Alhondiga. Basílica de Begoña. Catedral de Bilbao.

Nos encontramos en nuestro hotel con nuestros amigos para ir juntos al Teatro Arriaga, que es donde comienza el Free Tour que hemos reservado. Es 1 de mayo y hay manifestación. Antes de empezar nos da tiempo a fijarnos en los pequeños detalles que hacen de Bilbao una ciudad muy bonita.

(Algunas de las iglesias que visitamos en el free tour también las veremos por la tarde nosotros solos).

En la visita conocemos datos interesantes sobre el teatro. La segunda parada es en el cercano Parque del Arenal, donde hay un precioso Kiosco, realizado por el mismo arquitecto que el Mercado de la Ribera: Pedro Ispizua. Está inspirado en una concha y está considerado lugar de interés histórico. Se utiliza actualmente para diferentes eventos.

Nos cuenta un poco el guía sobre el exterior de la iglesia Nicolás de Bari, (nosotros la visitaremos por la tarde con más detalle, pero lo cuento aquí). Su fachada barroca fue levantada en el siglo XVIII, combinando líneas curvas y una cuidada simetría. Tiene dos torres gemelas que le dan un gran aire monumental. Es un templo de gran importancia para los marineros bilbaínos que llegaban a ella para pedir protección antes de salir al mar.

Su interior es conocido por la riqueza de sus retablos; yo fotografié el retablo del altar mayor dedicado a San Nicolás. Realizado en el siglo XVIII en estilo barroco, fue diseñado por Diego Martínez de Arce, esculpido por Juan Pascual de Mena y policromado por José López Perella. El conjunto, organizado en tres calles y tres niveles destaca por su colorido, la calidad de su escultura y la armonía entre arquitectura y talla.

Vamos directos a la Plaza Nueva, tiene un importante papel en la vida social de Bilbao, está en el centro del Casco Viejo, se inauguró en 1851 después de sesenta y cinco años construyéndose. Tiene un corredor cubierto de arcos de medio punto, es de estilo neoclásico con cinco accesos. El edificio principal (el que tiene el reloj) es la sede de la Real Academia de la Lengua Vasca.

Vamos recorriendo las calles del Casco Viejo, pasando por el Museo de Arqueología, por la Plaza de Miguel de Unamuno, hablándonos de sus pequeñas y grandes historias.

Así llegamos a la Catedral de Bilbao, dedicada a Santiago. Impone con su silueta gótica, elegante y afilada, en pleno Casco Viejo. Su torre, visible desde varias calles del entorno, es como un faro urbano que guía al visitante hacia la plaza. La fachada combina la verticalidad típica del gótico con detalles delicados en piedra, arcos apuntados y un rosetón que anticipa la belleza que guarda dentro.

El interior de la Catedral de Bilbao es uno de los mejores ejemplos del gótico vasco. Presenta tres naves en cuatro tramos, una girola poco habitual en el gótico peninsular y un crucero alineado que no sobresale en planta. Sus pilares robustos, las bóvedas nervadas y los vitrales góticos —con motivos vegetales, geométricos y escenas como la Santísima Trinidad o los Evangelistas— crean un espacio vertical y luminoso. A lo largo de los muros se abren capillas particulares de los siglos XV y XVI, y las recientes restauraciones han recuperado la cota original del suelo del siglo XVIII.

Paseando alrededor del templo podemos apreciar cómo la catedral se integra en el trazado medieval de la ciudad, estrecha y majestuosa a la vez, como si hubiera crecido junto a las calles que la rodean.

Entramos en el Mercado de la Ribera, el mercado cubierto más grande de Europa. La guía nos cuenta su historia diciendo que ocupa el mismo lugar desde el siglo XIV, donde se celebraba el mercado semanal de Bilbao, convirtiéndose en el corazón comercial de la villa. En 1929, cuando el arquitecto Pedro Ispizua (el mismo que el del Kiosco del Arenal), levantó un edificio moderno para su época: funcional, monumental y pensado para la vida urbana de un Bilbao en plena expansión. Su estructura sin columnas interiores, la importancia de la luz natural y la amplitud de sus espacios marcaron un antes y un después en la arquitectura de los mercados europeos.

En el exterior, el edificio combina la solidez de su volumen con una decoración Art Decó ecléctica, conviviendo vidrieras, celosías y elementos ornamentales que le dan carácter propio. El mercado mantiene su esencia histórica después de varias remodelaciones, adaptándose a los nuevos tiempos, convirtiéndose en un símbolo de la ciudad que une tradición, comercio y vida cotidiana junto a la ría.

Justo al lado está la bonita iglesia de San Antón (la veremos al día siguiente, nuestra última mañana en Bilbao). Levantada en el solar de la antigua lonja medieval, junto a la ría y sobre una zona rocosa que marcó el crecimiento de la villa. En este lugar estaba el alcázar y al derribarlo, la iglesia fue consagrada en 1433, es la iglesia más antigua de Bilbao. A lo largo de los siglos, su estructura ha ido incorporando elementos de distintas épocas.

En el exterior, San Antón combina su base gótica con añadidos posteriores que le dan un carácter único. La torre barroca, elegante y reconocible, corona un conjunto que se asienta con firmeza junto a la ría, como si vigilara el puente y el ir y venir del Casco Viejo. El pórtico, las líneas verticales y la piedra clara hablan de un templo que ha sido testigo de la historia de Bilbao, integrándose en su paisaje urbano con una presencia sobria y emblemática.

Tengo claro que este lugar donde se encuentra la iglesia de San Antón y el Mercado de la Ribera es uno de los rincones más bonitos de Bilbao.

Nuestra guía nos cuenta una última curiosidad en esta visita y es sobre el Puente de San Antón. Nos dice que es uno de los símbolos más antiguos y queridos de Bilbao, por eso aparece en su escudo oficial, tuvo un papel decisivo en el nacimiento y desarrollo de la villa. Desde la Edad Media fue el principal acceso a Bilbao, también para los que seguían la ruta costera del Camino de Santiago.

El primer puente que está documentado fue de madera, ya existía en 1334, y en 1463 fue sustituido por otro de piedra con dos arcos de estilo gótico. A lo largo de los siglos sufrió riadas, derrumbes y reconstrucciones. El puente actual es del siglo XX.

El free tour termina y llega el momento de comer, como siempre en este viaje unos ricos pintxos.

Nuestra tarde comienza en un lugar poco conocido, pero que es increíble y no puedes perderte, la Alhondiga. Es un centro cultural y deportivo, “Azkuna Zentroa”. Fue construida a comienzos del siglo XX como almacén municipal de vinos, un edificio industrial emblemático del Ensanche. Tras décadas de uso y un largo periodo de abandono, fue completamente transformada en el siglo XXI en un centro cultural y de ocio, gracias al proyecto de renovación del diseñador francés Philippe Starck, que mantuvo la estructura original y la reinterpretó con un lenguaje contemporáneo.

En su interior hay una sala de exposiciones, un auditorio, una piscina cubierta (se pasea debajo de ella teniéndola como techo, viendo a las personas nadar), salas de cine y un restaurante.

Lo que verdaderamente llama la atención del interior de la Alhondiga son sus originales columnas, 43 para ser exactos. Diseñadas también por Philippe Starck, cada una de ellas tiene su propio diseño, combinando a la perfección con el espacio.

Starck convierte la planta baja en un museo de arquitecturas posibles, donde lo clásico, lo exótico y lo contemporáneo conviven sin esfuerzo.

La Alhondiga guarda todavía otro secreto, su azotea. Subir a ella es como cambiar de escena, dejamos las columnas teatrales y pasamos a un espacio abierto y lineal, con Bilbao a nuestro alrededor.

Parece que va llegando el momento de despedirnos y nos cuesta, no queremos, alargamos ese momento un poco más disfrutando de un estupendo café en su restaurante en la planta baja.

Unas divertidas fotos en el exterior de la Alhondiga hacen que la despedida sea un poco menos dura. Queda pensar en el siguiente viaje juntos: Donostia.

Ellos tienen unas cuantas horas para llegar a Barcelona y a nosotros nos queda toda la tarde de este día y la mañana siguiente.

Como no quiero saturar lo cuento en el siguiente artículo. Todavía nos queda a nosotros visitar la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, detenernos algo más en alguna de las iglesias de las que hablo arriba, pero sobre todo seguir callejeando en esta bonita ciudad.

GRACIAS POR LLEGAR HASTA EL FINAL! SI TE HA GUSTADO, HÁZMELO SABER.👍✍️ ME HARÍA MUCHA ILUSIÓN LEERTE Y SEGUIR COMPARTIENDO RUTAS Y VIAJES. 🗺️🫶

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Artxanda, donde Bilbao se abre en panorámica

08 domingo Mar 2026

Posted by Una Viajera in Otras ciudades España, Paseos Cortos, Pequeños Grandes Viajes

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@arquitectura, @bilbao, @euskadi, @mirador, @paisvasco, @paseos, @vistas

Diario de mi viaje: después de una mañana inmersos en el Guggenheim, una comida improvisada con concierto de jazz incluido en la calle y conocer al famoso Puppy, nos vamos hacia el Mirador de de Artxanda, queremos regalarnos un momento de pausa, ver la ciudad como un mapa que se extiende ante nosotros.

Día 2. Tarde en el Mirador de Artxanda.

Lo mires por donde lo mires, el Museo Guggenheim es una maravillosa obra de arte. Cruzamos la ría por el Puente de la Salve, un pasadizo que hay por debajo con unas escaleras nos llevan al otro lado de la ría y así llegar a la calle donde coger el funicular, acceso más cómodo y emblemático al mirador.

Se sale de esa pasarela cerca de la estatua «Hombre vence al hierro. Tuercebarras», del escultor Jesús Lizaso.

Llegamos a la calle Castaños para coger en la Plaza del Funicular s/n, el Funicular de Artxanda. Según la temporada está abierto desde las 7:15 o 8:15 hasta las 22:00 o 23:00, incluso en sus fiestas de Semana grande está abierto hasta las 24h. Puedes sacar un billete de ida y vuelta por 6€. Si sacas solo un viaje cuesta 3,50€.

La frecuencia del funicular va desde 10 minutos a 15 minutos, y en tan solo 3 minutos estamos arriba, en el Monte Artxanda. La bajada la puedes hacer cuando quieras, lo único que a lo mejor tienes que esperar un poco, como nos pasó a nosotros, si tenemos en cuenta que pueden entrar 70 personas, la espera no es demasiado larga, (por cierto pueden subir mascotas). El funicular se inauguró en 1915 y si lo reservas puedes hacer una visita guiada.

No sólo te encuentras con unas vistas increíbles de la ciudad de Bilbao, también puedes realizar paseos por la naturaleza en el monte de 250 me de altitud y algún que otro lugar donde seguir disfrutando la gastronomía bilbaína. Nosotros subimos para ver las vistas desde su mirador, lugar muy famoso por las letras que hacen de barandilla, por eso también es uno de los lugares más fotografiados de Bilbao.

Artxanda es el gran pulmón verde de Bilbao, donde puedes pasear, puedes llegar andando utilizando un sendero que va en paralelo a la carretera de 6Km. En el mirador puedes disfrutar tranquilamente de la panorámica de la ciudad. Podemos ver el Guggenheim, brillante incluso en días nublados; la ría, que dibuja una curva perfecta entre los puentes; el Casco Viejo, compacto y reconocible; los otros montes que rodean la ciudad recordándonos que Bilbao también es verde. El mirador invita a quedarse un rato, a dejar que la vista viaje sin prisa.

Subir a Artxanda es una experiencia que recomiendo, para mi este viaje también es dejarse llevar, mirar, respirar y disfrutar de Bilbao desde otra perspectiva (como las obras de arte, hay que verlas desde distintos puntos). A veces los mejores momentos están en lo más sencillo.

Nos queda para completar nuestro segundo día seguir disfrutando de la gastronomía de la ciudad y para eso no hay nada mejor que descubrir sus pinchos. Ya estamos preparados para conocer la ciudad a través de un free tour y descubrir uno de los lugares más originales y poco conocidos de la ciudad, la Alhondiga.

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Museo Guggenheim, un viaje entre reflejos, arte y emociones

01 domingo Mar 2026

Posted by Una Viajera in Dando gusto al paladar en..., Otras ciudades España, Pequeños Grandes Viajes

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@arquitectura, @arte, @artecontemporaneo, @bilbao, @esculturas, @museo, @museoguggenheim, @paisvasco, @ria

Diario de mi viaje: después de un estupendo desayuno en nuestro hotel NH Collection Villa de Bilbao, salimos al encuentro de nuestros amigos (ellos están en otro hotel) y así empezamos nuestro paseo en dirección al primer objetivo del día.

Día 2. Mañana en el Museo Guggenheim.

El paseo nos lleva por la ría del Nervión casi desde donde está el Estadio San Mamés hasta el Museo. Está nublado y salimos con paraguas, a lo mejor llueve, hace tiempo que no nos vemos, seguimos poniéndonos al día y no nos importa demasiado el cielo gris. No hace frío y la mañana está agradable para pasear.

Creo que pasear en paralelo por la ría es imprescindible en los dos sentidos, cuando te encuentras el edificio del Guggenheim es como decir, ya estoy, por fin.

El exterior del Museo Guggenheim es una de esas arquitecturas que te envuelven antes incluso de cruzar la puerta. Sus volúmenes curvos parecen desplegarse como pétalos metálicos alrededor del gran lucernario en forma de flor que corona el edificio, uno de sus rasgos más reconocibles. Pasearlo por fuera es descubrir cómo cada ángulo ofrece una silueta distinta, cómo el titanio cambia con la luz y cómo el edificio dialoga con la ría, con la ciudad y con nosotros, que nos acercamos sin prisa.

Frank Gehry imaginó un edificio capaz de transformar un lugar, y en Bilbao lo consiguió. Su diseño abraza el Puente de La Salve y lo convierte en parte de la obra, mientras que las esculturas que salpican el perímetro hacen que el arte empiece mucho antes de entrar. Caminar por este entorno es sentir cómo la ciudad se reconcilia con su pasado industrial y se proyecta hacia un futuro creativo y luminoso.

Tenemos las entradas sacadas y hemos llegado con tiempo, decidimos estar por la parte más cercana a la ría viendo el increíble exterior del edificio y las obras que se pueden ver allí mismo, (el edificio ya es en sí mismo una obra de arte).

El gran árbol y el ojo de Anish Kapoor, son 73 esferas reflectantes sobre tres ejes. Cuando estás en esa posición y ves el Puente de la Salve, piensas que la estructura roja pertenece al puente, pero no, es otra de las obras de arte para el museo, se llama Arcos Rojos de Daniel Buren, colocada en el decimo aniversario del Museo.

Mamá, la imponente araña de Louise Bourgeois, nos espera con una presencia que impresiona y conmueve a la vez. Sus patas larguísimas se elevan como un refugio y una amenaza, recordándonos esa dualidad de la maternidad que la artista quiso explorar: la protección y la fragilidad, el cuidado y el miedo. Bajo su sombra, uno siente una extraña calma, como si la escultura nos invitara a entrar en su mundo y observar el nuestro desde otra perspectiva. Su presencia es tan elegante como impactante, y se ha convertido en una de las obras más fotografiadas del entorno del Guggenheim.

El interior del Guggenheim es casi una coreografía de luz y curvas (me recuerda muchísimo a la Casa Danzante también de Frank Gehry en Praga). Al cruzar el Vestíbulo, el Atrio se abre como un gran espacio diáfano donde los volúmenes curvos se elevan y se entrelazan, conectando interior y exterior a través de enormes muros de vidrio y un lucernario cenital que baña todo de claridad. Las pasarelas suspendidas, los ascensores de titanio y cristal y las escaleras que se retuercen suavemente crean un juego de alturas que invita a mirar hacia arriba, como si el edificio respirara.

las galerías se despliegan alrededor de este Atrio central. Algunas salas son más clásicas, de líneas rectas y silenciosas; otras se abren en formas orgánicas e irregulares que parecen hechas a medida para obras de gran formato. Para mi, esa mezcla de formas convierte la visita en un recorrido no solo arquitectónico, también es emocional.

La primera gran instalación con la que nos encontramos es La Materia del Tiempo de Richard Serra. Es la reina de la sala más grande del museo. Caminar entre sus paredes de acero patinable, hace sentir vértigo. El material con el paso del tiempo puede cambiar de color debido a un proceso de oxidación.

En una sala más pequeña hay unas maquetas y toda la información de lo más interesante para descubrir al completo para toda la instalación.

Desde aquí puedes salir a una terraza pequeña con vistas al Puente de la Salve, hay además una escultura de Chillida, Abrazo XI.

En uno de los recovecos del vestíbulo aparece la instalación de Jenny Holzer, Instalación para Bilbao.

Utiliza el lenguaje como forma de expresarse a modo de carteles publicitarios.

Llegamos a una de las instalaciones – obras que más me gustaron y es la de Yayoi Kusama: Sala de espejos del infinito – Deseo de felicidad para los seres humanos desde más allá del universo.

¡Me encanta! ¡Me encantaría ir a ver su museo en Japón!

Mar creciente de El Anatsui. Muestra una pieza de gran tamaño de aluminio y alambre de cobre.

Tulipanes de Jeff Koons. Ramo de flores como si fueran globos.

El Museo también cuenta con una obra de Mark Rothko y una obra Sin titulo. La pintura está hecha para verla desde muy cerca, para que parezca que la obra pueda expandirse y que sobrepase los limites.

Lo profundo es el aire, de Eduardo Chillida. Pieza realizada en alabastro. Ambrosia, Antoni Tàpies.

Tuvimos la suerte de poder ver una exposición de Oskar Kokoschka. Un rebelde de Viena. Me teletransportó a mi viaje a Viena.

También vimos una exposición de Joan Miró. La realidad absoluta.

Otras obras que pudimos ver en el momento de nuestra visita:

Podríamos estar todo el día dentro del Museo Guggenheim, pero hay que seguir disfrutando de la ciudad. Cuando salimos fuera del museo, se habían ido las nubes, había un hermoso sol y decidimos picar algo en la calle escuchando a un grupo que tocaba jazz, fue ¡un momento perfecto!

Después de esta parada rápida, pero intensa subimos por las escaleras que suben a la parte de arriba del Museo para encontrarnos con otro gran protagonista del Guggenheim: Puppy del polémico Koons.

Desde aquí hemos planeado ir al Mirador de Artxanda, pero para eso tenemos un paseo todavía y una subida en funicular.

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