FOTO1111Después de un buen desayuno en nuestro cortijito, emprendemos las tres familias camino hasta Lanjarón, ciudad del agua, famosa por su agua mineral y por su balneario.

Allí habíamos reservado hora para ver el “Museo del Agua”, un museo curioso sobre el agua de Lanjarón, historia, los manantiales, tipos de agua y propiedades.

Una sala tiene televisores con distinta información; otra sala, muy bonita, de piedra, una super pantalla,el suelo de agua y una última sala con fotos antiguas y una pequeña tele donde se proyecta cada media hora un documental sobre la historia del pueblo y su balneario.

FOTO1147

Fuera del museo nos encontramos un cañón, con los niños (es triste) pero da mucho juego y en Lanjarón hay tres, se puede jugar con ellos a encontrarlos.

Nosotros solo encontramos dos.

De ahí es mejor coger el coche para acercarlo a un aparcamiento que hay al lado del balneario, donde a un vigilante muy elegante se le dan unas monedas para pagar el poder aparcar.

Justo al lado del aparcamiento hay un parque donde empieza un camino muy bonito hasta el Castillo de los Moros. Los niños pueden correr sin peligro, el único peligro es que se metan en el riachuelo que nos acompaña todo el tiempo.

En el castillo ya nos podemos imaginar que hay “moros” y “cristianos” y a subir y bajar,… Los niños encantados, el castillo está rehabilitándose.

Ya un poco más cansados los pequeños empiezan a tener hambre, salimos del Castillo para entrar de nuevo en Lanjarón ( el castillo está en las afueras, pero es una distancia muy corta y muy fácil para que lo hagan niños).

Recorremos sus callecitas, viendo  sus plazas, sus fuentes, muchas con poesías de Federico García Lorca, ya que acostumbraba a ir al Balneario con su madre.

20170414_152745

Ya si que se hace la hora de comer y encontramos un estupendo menú a 10€ en el Hotel Manolete, como para decir “Olé, olé”.

Encontrar un buen sitio para 13 no es tan fácil, así que nos pareció genial y encima hicimos “mesa de niños” y “mesa de mayores”. http://www.hotelmanoletelanjaron.com/

Poco más tenemos que ver en Lanjarón y subiendo de nuevo al Balneario para coger el coche, encontramos alguna casa muy bonita.

El Manantial Capuchina puede que sea el más famoso de Lanjarón, pero no lo pudimos ver porque estaba cerrado. El Balcón de Lorca se llama así porque es donde se alojaba Federico García Lorca cuando visitaba Lanjarón.

FOTO1255

La vista final de Lanjarón en el camino que lleva a Órgiva nos deja un buen sabor de boca.

Ya en Órgiva, capital de la Alpujarra Granadina, nos tomamos un café en un bar con un patio enorme (no me acuerdo del nombre), con una tranquilidad digna de estar de vacaciones.

20170414_185009

Vista de Órgiva desde la carretera

La iglesia que por fuera era muy bonita no pudimos visitarla porque estaban en misa sus feligreses.

Aquí llegó el momento de una pequeña separación del grupo grande, había feria de artesanía, así que la familia con niños más pequeños se fue a descansar un poco a nuestro cortijo, mientras las otras dos familias, no recorrimos la feria con alguna que otra compra incluida: aceite y algún producto artesanal para que merendaran los niños más grandes.

20170415_173432

Justo en el camino de vuelta al Barranco de Poqueira, a nuestra casa, suena está canción: “He salido a respirar por fin y ahora el aire me acompaña…”

No puedo pedir más,…

En el camino hay una gruta que ya nos había llamado la atención al pasar por la carretera y decidimos parar para que los niños hicieran un poco “el cabra”.

Que no se nos olvide que al viajar con niños es muy importante contar con esos momentos, son punto importante en el éxito o en el fracaso de un viaje.