Ni mucho menos lo que escribo hoy tiene que ver con el libro de Camilo José Cela, ni se le parece, pero sí evoca esos lugares o por lo menos alguno.
El pasado fin de semana lo pasé estupendamente bien no sólo por los bonitos sitios que visité, también por la compañía, familia con la que nunca te cansas de estar y con la que compartir experiencias se convierten en un disfrute total.
El fin de semana era largo y lo empezamos visitando la bonita Villa de Pastrana, Guadalajara, uno de los muchos lugares de España en el que Teresa de Jesús fundó dos conventos (en el del Carmen dormí hace muchos años y guardo un gran recuerdo), como se conmemora el V Centenario de su nacimiento la ciudad enseña al visitante su cara más Teresiana.
Contemporánea de la Santa fue otra gran mujer (poco valorada en su tiempo) Ana de Mendoza y de la Cerda, más conocida como La Princesa de Éboli. Fue desterrada al Palacio Ducal de Pastrana hasta su muerte (unos 13 años) por Felipe II acusada de conspirar en contra del monarca.
Este es el balcón desde donde la Princesa podía salir durante 1 hora para ver lo que pasaba en la calle, por eso la Plaza mayor de Pastrana se llama Plaza de la Hora.
Sería increíble que las clases de historia estuvieran llenas de «historias» de esas que interesan que te hacen comprender una época, una decisión política, un comportamiento social, en las que te puedes imaginar qué pasó, cómo y por qué pasó.
Una de las jovencitas que llevábamos en esta visita, descubrió que la Princesa de Éboli es más que la calle en la qué vive, emocionada disfrutó de la visita y de la explicación estupenda de la guía del palacio, deseosa de llegar el lunes para contarle a su profesora de sociales todo lo que había aprendido.
Pasear por Pastrana es muy agradable aún con frío, pero llega la hora del aperitivo en el Bar Palaciocon un rico caldito y un gran cuenco de pipas, … y después la hora de comer y un restaurante cerca del palacio completa la mañana, Restaurante César se llama, donde unas buenas migas alcarreñas, nos hacen entrar en calor. http://www.pastrana.org/turismo/
Recópolis.
Con muchas ganas de seguir aprendiendo en nuestra clase particular de historia, nos vamos al Parque Arqueológico de Recópolis, donde su eslogan es «Vive la experiencia…de un lugar único» Nos sumergimos en la ciudad fundada por el Rey visigodo Leovigildo en el año 578 d.C, a la que puso el nombre de su hijo, el futuro rey Recaredo. Efectivamente lección viva de historia.
Ciudad amurallada con varias puertas de entrada, una calle comercial donde había un taller de vidrio y otro de orfebrería, viviendas y una zona monumental donde estaban el Palacio y una Iglesia Palatina. Gracias a las excavaciones se ha descubierto que la ciudad tenía importantes relaciones comerciales con todo el Mediterráneo, hasta que en el S.VII empieza su decadencia.
En el S.VIII llegan los musulmanes modifican poco la ciudad, pero será en el S.IX cuando se abandone por completo, utilizándose como cantera para la construcción de una nueva ciudad: Zorita. (Queda pendiente para otra escapada su castillo y su historia).
Cuando la Historia y la Arqueología te apasiona, visitar Recópolis puede ser un sitio increíble para imaginar esa primera época medieval, pero además las vistas del castillo de Zorita son preciosas con el Río Tajo también de protagonista.
Antes de ponerme a preparar un viaje a México, mejor voy a proponer una escapadita de un fin de semana largo (3días) para aquellas personas que dispongan de ese tiempo (en el próximo mes de febrero el viernes 13 no hay coles!!!!) y puede ser el momento de conocer Lisboa, capital de nuestra vecina Portugal.
Si se hace con tiempo se puede conseguir un vuelo barato a Lisboa que te llevé allí para disfrutar de su buenísimo café, y de un buen desayuno.
Desde el aeropuerto de Lisboa hay un autobús, el nº22 que te deja, en la muy bien situada Plaza del Marqués de Pombal (Si consigues una estupenda oferta en el Hotel Fénix Lisboa, estarás al lado para dejar la maletita y empezar tu visita)
Muy cerquita coge el metro dirección al Barrio de Alfama, quizá el más emblemático de la ciudad.
Comenzamos con la catedral o Sé como se dice en portugués. Tiene mezcla de etilos, pero la fachada conserva un sólido estilo románico, con un bonito rosetón.
Meterte en sus calles es disfrutar de la ciudad y de sus cuestas..
Un lugar para no perderse es el Mirador de Santa Luzia, con una vista preciosa de una parte de la ciudad.
Conseguir la foto típica de los tranvías es fácil en esa zona.
La visita sigue visitando el Castelo de Sào Jorge. Un recorrido muy bonito por el patio, por las almenas y un precioso mirador donde se ve el río Tajo. La visita del castillo lleva su tiempo.
Si subís como yo recorriendo las callejuelas y subiendo cuestas, puede ser una buena opción bajar del barrio de Alfama en el tranvía nº28, con un bonito recorrido. Llegando a las bonitas Plazas de Figueira con una gran estatua en el centro y del Rossio, con puestos de flores y los conocidos cafés Nicola y Suiza, y la preciosa fachada de la estación (Dentro de la zona llamada Baixa y Avenida)
No hay que perderse el bonito Elevador de Santa Justa, Que nos recordará a la Torre Eiffel porque lo diseñó un aprendiz de Eiffel (Raoul Mesnier du Ponsard).
La Rua Augustaes una calle comercial y peatonal, luego muy agradable de recorrer, terminando en la Plaza del Comercio.
Comienza el Barrio Alto y Estrela,donde nos vamos a encontrar sitios tan curiosos como la Iglesia do Carmo, sin techo, debido al terremoto de 1755. La zona del Chiado, antiguo refugio de escritores e intelectuales. El Café Brasileiramuy representativo.
Callejeando se llega también al Elevador da Glória, es un tranvía – funicular que sube y baja por una gran cuesta, con bonitos carteles pintados a los lados de las paredes.
Como primer día no está mal, todavía queda ir a escuchar Fados, hay muchos sitios sobre todo por la zona de la catedral y de Alfama, seguro que recibís mucha información a lo largo del día. Puedes encontrar un bonito sitio donde cenar y escuchar Fados, no muy caros.
El segundo día es perfecto para coger el tranvía nº15 en la Plaza del Comercio o en Figueira, que te llevará directo a la Torre de Belém, símbolo indiscutible en el mundo de Lisboa. Es un lugar que crea distintas opiniones, unos esperan tanto que se decepcionan porque dicen que es pequeñísima, otros que no tiene nada por dentro. Todo eso es cierto, pero luego encontrareis personas como yo que sencillamente piensan que es inigualable. será porque me gusta todo lo pequeñito, pero también crees que puedes cogerla en la palma de la mano… y es sensacional toda ella está tallada con sumo gusto, cada rinconcito, cada escultura, cada balcón… A mi me llevó un buen rato disfrutar de ella.
De la Torre de Belém al Monumento a los Descubrimientoshay un agradable paseo, sintiendo la brisa del río.
Al rededor del monumento podemos ver en el suelo, todos los territorios a los que llegaron los portugueses, grandes navegantes y una enorme brújula. En el monumento a la cabeza el Rey Enrique El Navegante, Vasco da Gama, Magallanes,… Se puede entrar dentro del monumento, pero yo no entré porque quería llegar antes de cerrar al Monasterio de los Jerónimos, en este si que está todo el mundo de acuerdo en que es una maravilla, te deja sin habla. Por fuera, por dentro, el claustro espectacular.
Muy cerca del Monasterio está la famosa pastelería que vende los famosos pasteles de Belém. ¡Exquisitos! y muy cerquita de ahí nos encontraremos una pequeña vinoteca (si no la han cerrado) donde comer y probar un buen vino portugués.
La tarde es ideal para volver a coger el tranvía que nos lleva al centro de Lisboa y callejear, de nuevo por sus calles.
El último día lo dedicamos a ver un parque precioso al lado de la Plaza del Marqués de Pombal, llamado Parque de Eduardo VII, muy bonito y verde, con muchos animalillos en sus estanques y tiene en la parte noroeste un lugar llamado Estufa Fría (invernadero de plantas exóticas).
Tenemos que ir al aeropuerto antes de comer, pero no podemos resistirnos a tomar el licor por excelencia de Lisboa «La Ginkinha» licor de cerezas. Solo de pensarlo me imagino en la puerta de una bodeguita con un vaso de plástico, saboreando el licor, pensando en los tres estupendos días que he pasado, con amigos y sobre todo riendo, riendo mucho. Si encontráis este sitio, habréis encontrado la mejor Ginjinha de la ciudad…
Hoy me gustaría proponer una bonita excursión para un frío día de enero. Desde una casa romana, La Olmeda; pasando por un pueblo castellano, Saldaña; para terminar en una iglesia románica, de las mas importantes de España, San Martín de Frómista.
Nuestra visita empieza en la Villa Romana de La Olmeda, en Palencia, ideal para imaginarnos una «Domus romana», su organización de los espacios, su forma de vida en realidad. Unas instalaciones muy preparadas para visitar con niños, un guía nos explicó muy amablemente la visita, aprendiendo muchas cosas sobre nuestros antepasados los romanos.
Si tengo que destacar algo de todo el recinto, me quedo con los impresionantes mosaicos, solo por ellos merece la pena la visita.
Con un sol radiante, pero mucho frío, continuamos a nuestro siguiente destino: Saldaña. Un pueblo muy agradable para pasear y ver sus bonitas plazas, la Plaza Vieja, Plazas del Trigo y del Lino, Plaza de España, Plazuela de San Pedro (está es Museo de La Olmeda), la Calle Ricardo Cortes.
Una parada para una cervecita en La Casa Torcida, y abrir boca antes de comer en Los Lagares, con una buena carta, pero la ocasión la merece.
Para rematar el día estupendo de invierno nos vamos a Frómista. Solo nos da tiempo a ver la iglesia de San Martín ¡que preciosidad! es un placer para el sentido de la vista, los aspectos que todos estudiamos sobre el estilo románico, ¡ahí están!, esperando que los contemplen. Los capiteles que cuentan enseñanzas de la Biblia, las ventanas abocinadas, los arcos de medio punto,…
Sin darnos cuenta cae la noche y Frómista se ilumina… y camino de vuelta a casa.
Hace tiempo, no demasiado, un hombre sabio me dijo que las personas viven muchas vidas y que hay circunstancias que te dicen cómo y cuando se produce ese cambio. Para mí uno de esos cambios de vida, fue este viaje: París y el recorrido por el Loira. Vivir más de 20 días con mi Príncipe Azul fue un sueño, compartiendo París, castillos, amaneceres, noches con capuchinos, un príncipe y una princesa…
No sé el tiempo que dediqué a prepararlo, para que fuera mágico. En el año 96 pocos lujos iba a ver, pero una ilusión indescriptible. Llenamos de provisiones y de música https://www.youtube.com/watch?v=y_gVnQkYsdY
Aquella noche la pasamos en un pequeño y barato hotel de carreteras, que formaba parte de una red de hoteles de Francia a 59francos. ¡Había que empezar bien las vacaciones! Nuestras ganas de viajar y de gastar poco dinero nos hicieron acumular ofertas de hoteles para poder pasar 7 días en París, la cara París, era un hotel de la cadena Frantour justo al lado de la estación del Norte.
http://www.bateauxparisiens.com/mapas-de-cruceros.html Lo primero que hicimos, después de dejar el coche en un aparcamiento, protegiendo nuestro jamón y aceite de oliva, y organizar nuestra maleta, fue ir a dar un paseo en barco, por el Sena. Yo que ya había estado, estaba impaciente por enseñarle Paris…
Esta fue nuestra primera foto de la Torre Eiffel, la primera de muchas de aquel viaje y de todos los siguientes. Hecha desde aquel barco donde todo empezó…
Lo siguiente que vimos fue el Louvre y sus alrededores. El Jardín de las Tullerías, con su precioso Arco del Carrusel, http://sobrefrancia.com/2013/05/29/arco-de-triunfo-del-carrusel-en-parís/ la Plaza Vendôme con unas tiendas para verlas sólo desde fuera. Al Museo del Louvre, creo que lo dedicamos todo el día. Cuando le llevé a ver la «Gioconda» yo ya iba preparada a encontrarme ese cuadro en un espacio acristalado y acordonado, donde apenas se disfruta del cuadro de Leonardo, por eso parece que me gustó un poco más que la primera vez que lo vi. El cuadro de Delacroix, » La Libertad guiando al pueblo» que tantas veces había visto en mi libro de sociales, no me decepcionó. La zona egipcia, en fin, para volver a verlo de nuevo….
La fachada de Notre Dame estaba con andamios, no pudimos disfrutar de ella, pero sí lo hicimos de sus vistas desde la torre y de su preciosa vista desde detrás. Podías imaginarte perfectamente al campanero Quasimodo y a la joven Esmeralda caminando entre las gárgolas, como lo escribió Víctor Hugo. Las vidrieras imponentes de la SainteChapelle, que te dejan sin habla, no puedes imaginar desde fuera, que vas a encontrarte lo de dentro…
El Obelisco egipcio de la Plaza de la Concordia, el templo clásico de la Iglesia de la Madeleine, el Arco del Triunfo de los Campos Eliseos, la Llama de a Estatua de la Libertad y el increíble lugar de Los Inválidos, donde Napoleón quiso descansar para siempre, con su original tumba. Cinco lugares diferentes, pero grandes símbolos, como tener un trocito del mundo en Paris.
Y como no, mi añorada Torre Eiffel. La primera vez que subí creía que no habría lugar más mágico. Pero esta segunda vez, superó las expectativas, como no enamorarse aún más,…¡Imposible no hacerlo!
Al día siguiente cogimos el tren dirección (nuestro coche seguía en perfecto estado en su aparcamiento) Disneyland París. Y allí a soñar…
Viendo los fuegos artificiales desde el tren, regresamos a Paris, donde nos quedaría el último día en la ciudad del amor…
Lo dedicamos a ver Montmartre, sus plazuelas, sus artistas, el Molino Rojo (solo la fachada, que casi nos pasa desapercibida), la bonita Plaza des Vesges, donde Víctor Hugo escribió algún capitulo de «Los Miserables» no podía levantarme de ese banco, imaginando que pasearía por allí ideando como se desencadenaría la historia. También descubrimos el pintoresco Centro Pompidou y sus alrededores.
Después de siete días maravillosos cogimos nuestro cochecito y el viaje empezaba de verdad, recorreríamos durante dos semanitas el Valle del Loira, nos alojaríamos en unos campings de 5 estrellas, siendo una experiencia única.
Empezamos muy cerquita de París, viendo el majestuoso Palacio de Versalles y sus jardines. http://es.chateauversailles.fr/es/the-palace- Es el palacio original que todos los reyes han querido tener en sus países, todos los otros palacios europeos son una copia, creo que inalcanzable. Versalles genera sentimientos muy contradictorios, ya que la belleza creada por el hombre, sorprende cuando no se tiene consideración humana, dando paso a una de las consecuencias más desastrosas de la historia, «La Revolución Francesa» Viendo Versalles, entiendes que el pueblo de Francia se revelara contra el rey y todo lo que representaba; mientras ellos se morían de hambre, la corte vivía en un mundo de lujo, carente de sentido.
Chartres, nuestro siguiente destino y donde haremos noche, celebrando con sus habitantes el 14 de Julio, fiesta nacional y noche de verbena. Su catedral, sus vidrieras, su rosetón, toda una preciosidad. Después de Chartres empezamos a ver los castillos del Loira.
En la primera y segunda foto están los castillos que aunque bonitos, me gustaron menos. Como curiosidad en el de Amboise trabajó Leonardo Da Vinci; el de Villandry, sus jardines son huertos de diseño; El de Cheverny, sale en un comic de Tintín y en el de Chinon, estuvo Juana de Arco, (historia que leía y releía cuando era pequeña).
Los siguientes castillos son mis favoritos, cada uno por un motivo diferente. Chambord porque es imponente, impresionante, diferente. Tiene la famosa escalera en la que los que suben y bajan, nunca se encuentran.
Chaumont -sur- Loire porque es igualito que el Exin castillos de cuando era pequeña, parecía que podías coger el castillo entero entre las manos y moverle de sitio. Además, está al lado de un inmenso parque con un quiosco de época donde escuchamos un concierto tumbados en el césped, ¿se puede pedir más? Príncipe, princesa, castillo y música, siempre música.
Chenoceau, me gusta porque está situado sobre el río con unos arcos y tiene un pequeño embarcadero, donde si quieres puedes coger una barca.
Los dos castillos que quedan son muy especiales porque el de Azay, era uno de los sitios donde teníamos el camping, y cada día después de nuestra ruta, terminábamos en un pequeño bar cerca del castillo tomando un cappuccino, convirtiéndolo así en «nuestra bebida especial». El castillo de Ussé, porque era mi castillo, el de la princesa enamorada que espera la llegada del príncipe.
El valle del Loira termina y con mucha pena emprendemos el viaje de vuelta, resistiéndonos a llegar a casa, paramos en Poitiers para ver Futuroescope, http://es.futuroscope.com/ para nosotros muy moderno, no habíamos visto algo parecido desde la Expo de Sevilla, cine unido a nuevas tecnologías, espectáculos de agua y luces…
Un último lugar antes del final, la preciosa Duna de Arcachon. http://www.arcachon-tourisme.com/es/la_bahia_de_arcachon.html Un lugar en aquel momento paradisiaco, en el que ya sabíamos que además de la duna, era conocido, por las ostras, pero que con nuestro presupuesto no podíamos permitírnoslo.
Aquella noche diluvió, se inundó el camping donde dormíamos, ¡menos nuestra tienda! así que los días que íbamos a pasar allí para descansar ¡adiós! Recogimos la tienda empapada, aún no entendemos como resistió, y nos fuimos a casa. Por eso fue un cambio de vida, no podíamos imaginar que ya no dormiríamos juntos cada noche, que no despertaríamos juntos cada mañana, fue tan duro que tuviéramos que ir cada uno a su casa, que decidimos pasar el resto de nuestra vida juntos. Empezar una nueva de mis vidas… https://www.youtube.com/watch?v=Qo0g6PsHFws
«La nostalgia es lo que nos queda cuando hemos perdido la fe en el futuro.» La Gran Belleza.
Cuando vi la exposición de Mediterráneo, volvieron a mi cabeza lejanos recuerdos del que fue mi primer gran viaje: Grecia, fin de curso 1992. Volvió la nostalgia, aunque según la definición que he puesto en la entrada de hoy, no se sí es bueno o malo.
De ese viaje han pasado 22 años, ¡madre mía!, la mitad de mi vida, y viendo las fotos consigo revivir esos días que fueron inolvidables, no sólo porque realicé uno de mis sueños, estar viendo, tocando, el Partenón de Atenas, si no porque lo que sentí, sería irrepetible, aunque para muchas de aquellas personas que viajaron conmigo se quedaría en un recuerdo del que reírse ante los otros. Sólo nuestra conciencia lo sabe…
Después de un vuelo y de una emocionante noche en Atenas, casi podía sentirme Atenea ante tanta belleza, tenía Atenas a mis pies.
Delante del Erecteion fue como averiguar que lo que venía en los libros de historia, era cierto, ¡estaban ahí las cariátides! aunque fueran replicas. La pena fue descubrir que el friso del Partenón no estaba, una parte estaba en el museo de Atenas, pero la gran mayoría se lo habían llevado los ingleses (enseguida fijé un objetivo: tenía que ver el British Museum). Lo que sí había era un gran andamio por dentro del templo.
No recuerdo como sucedió, si fue el ouzo, el sirtaki, los amigos… me vi envuelta en una aventura de película de amor, chica – chico, habitación de hotel… 20 años y un corazón lastimado que quería pasar página.
Fuimos a descubrir Atenas, ciudad llena de coches, caótica, sucia, pero, ¡me encantaba! ¿Quién no se hace una foto con los aros olímpicos de fondo? En el estadio donde se celebraron los primeros Juegos de nuestra era. Disfrutando del Museo Arqueológico, de la fachada de la Biblioteca Nacional, o como no, saboreando la deliciosa musaka.
Respirando toda la mitología griega, que está por todas partes, ¡pero como no estarlo! si a cada paso hay un templo, una historia de héroes…. Descubriendo lugares de la Península del Peloponeso y de la Argólida
El templo de Poseidón. Durante años tuve puesta en el corcho de mi habitación está foto… me hacía recordar…
Por el día disfrutaba del mundo griego que me enamoraba con cada piedra que encontraba y por la noche me dejaba llevar por unos ojos azules… Poco tiempo después descubrí que aquello, solo fue bonito para mi, pero conseguí que no me afectará y decidí quedarme con mi recuerdo sin importar el resto.
Otro lugar mágico fue descubrir Delfos y su mítico Oráculo, donde iban reyes y plebeyos a descubrir su futuro. Mientras mis compañeras se preguntaban si encontrarían su príncipe azul, mi deseo era saber que siempre iba a ser feliz y que iba a viajar por el mundo, sabia que el mundo me estaba esperando. El príncipe ya estaba, yo solo necesitaba un poco más de tiempo para darme cuenta de que siempre había estado ahí.
Otro bonito lugar fue visitar Micenas y su puerta de los leones.
El famoso teatro griego de Epidauro, donde era fácil imaginar una representación de La Odisea…
Para hacer aún más bonito el viaje, nuestros profesores, decidieron coger un barco hacia una isla griega, la elegida fue Aegina. Seguramente no sea la más bonita de las islas, pero para mi, sería el final perfecto de mi viaje. Ya terminaba y volvía a la vida real, dejaría atrás a los Dioses del Olimpo, para ser una simple mortal. Seguramente con más pájaros en la cabeza y con más castillos en el aire que antes, pero más YO que nunca.
(Este artículo de mi blog está escrito cuando apenas sabía escribir en el blog😭🤣).
GRACIAS POR LLEGAR HASTA EL FINAL! SI TE HA GUSTADO, HÁZMELO SABER. 👍✍️ ME HARÍA MUCHA ILUSIÓN LEERTE Y SEGUIR COMPARTIENDO RUTAS Y VIAJES. 🗺️🫶
Las fotografías y los comentarios son de Imagina Y Vive Tu Viaje en Grecia. 1992.
De nuevo esa sensación que me hace desear ir a otro lugar. No quiero girar la bola del mundo y que sea el azar el que decida, quiero imaginar que voy a Paris en Navidad, sin compromisos navideños, sólo quiero imaginar que estoy con «mis tres personas» en esa ciudad tan bonita, disfrutando tan sólo, de las luces, de la magia, de las sensaciones y de un buen café.
¿Por qué Paris? porque siempre podemos decir: «siempre nos quedará Paris» . Porque cuando conoces una ciudad y vuelves, ya la ves de otra forma, no quieres verlo todo, quieres disfrutar de otras cosas y eso es lo que querría hacer.
Ponerme delante de Notre Dame, contemplar su impresionante fachada iluminada por el árbol de Navidad y soñar…. recorrer el mercado navideño. Para después tomarme un café caliente en el Barrio de St-Germain (que por cierto, lo tengo pendiente) o un típico «vino caliente«.O dar una vuelta en el carrusel de El Hotel de Ville.
Pasear por las calles y placitas de Montmartre, disfrutando de todo lo bohemio de ese lugar, y como no descubriendo también la bonita decoración de las galerías Lafayette. (Nuestro Cortylandia a lo parisino).
Y como no ver la Torre Eiffel iluminada, o la pirámide del Louvre. Todo tópicos para unos días en Navidad.
Debe ser que hoy me siento nostálgica, la mejor manera que tengo de sobrellevar mi nostalgia, es escribir sobre un viaje. En esta ocasión se trata de uno que hice hace muchos años, en 1999. Lo preparamos con mimo, cada ciudad, cada albergue juvenil donde dormiríamos, cada lugar que visitaríamos,.. comprobando en un mapa las distancias en coche, disfrutando de esos momentos previos al viaje, que te hacen viajar durante todo el tiempo que dura la preparación. Lo emprendimos 4 personas en un Seat Córdoba rojo, cargado de provisiones para casi un mes y un montón de ilusiones.
Salimos de Madrid, dirección Burdeos, para pasar la primera noche, en un pequeño hotel de carreteras, donde descubrimos que ya nada iba a ser como antes de este viaje, donde averiguamos que uno más formaría parte de nuestras vidas…
Nuestro primer destino en Bélgica fue Brujas, decían que era la Venecia del Norte, es tan bonita, (me da tanta pena no tener fotos en formato digital para que me sirvan de apoyo…) sus calles, sus pequeños canales, sus plazas con sus peculiares edificios, me enamoró (y eso que no podía quitarme las gafas de sol, porque tenía una conjuntivitis que me deformaba la cara)con sus lugares emblemáticos como Belfort, Plaza Burg, la Basílica de la Santa Sangre, la Catedral de San Salvador, el Lago del Amor (Minnewater), comer sus famosos mejillones a la cerveza en una de sus terrazas tradicionales, disfrutar de los escaparates de las chocolaterías, puedo oler todavía ese olor a chocolate ummmhhh!!! El albergue en el que dormíamos, tenía diferenciadas habitaciones de chicos y chicas, nosotras juntas y ellos juntos, con otras chicas y otros chicos ¡Estupendo!
Uno de los 3 días que estuvimos en Brujas, fuimos a visitar una reserva de aves en Zwin y De Panne, para meter los pies en el frío Mar del Norte. Siempre volvíamos a la bonita y romántica ciudad de Brujas. Nos toco despedirnos de Brujas para pasar el día en Gante de camino a Bruselas. Yo no se si el impacto que causó en mi Brujas, hizo que no me gustara tanto Gante, pero creó debate entre los cuatro, sobre cuál nos había gustado más..
Gante, ciudad que vio nacer al gran Emperador Carlos I de España y V de Alemania, hijo de nuestra (creo) poco valorada Juana de Castilla (Juana la Loca), nieto de los Reyes Católicos. muy señorial, con canales, el gran castillo, la Catedral de San Bavon, con el famoso cuadro de Van Eyck «El cordero místico», la Plaza Vrijdagmarlt, la bonita vista de Graslei desde el Puente de San Miguel.
Ya en Bruselas, nuestro albergue era el Jacques Brel, ¡qué ambiente!, daban ganas de no salir de allí, lleno de gente joven, grupos con guitarras, ideal para cuatro jóvenes con ganas de conocer personas del mundo, pero los ánimos empiezan a no estar bien, ya que ese «uno más» que empezó el viaje, empezaría a no querer seguir con nosotros.
Estoy segura que desde aquel año ha cambiado muchísimo, mi recuerdo es que me impresionó la Gran Plaza, que pensé que solo por estar en ella, merece la pena ir, es preciosa, descubrí que había vivido en ella Victor Hugo, lo que la hizo ganar puntos para mi. El Mannenken Pis, gran símbolo de la ciudad, pequeña fuente, tan pequeña, que casi no la vemos… El Parque de Bruselas;la bonita estatua de Don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España (hace mucha ilusión encontrarte «cosas tuyas» en otro país);las Galerias St. Hubert (en aquel momento para nosotros, solo un lugar para pasar de una calle a otra, por lo caro);la Catedral de St-Michel, Iglesia y Plaza del Pequeño Sablón;el significativo Atomiun, con sus exposiciones y sus peculiares escaleras mecánicas, justo debajo está Mini Europa, dode cada persona va haciéndose fotos en sus monumentos europeos favoritos, yo me la hice en la Torre Eiffel. La Basílica del Sagrado Corazón tiene unas bonitas vistas de la ciudad.
Vamos a visitar Lovaina, nos impresionó su Ayuntamiento, espectacular; también vimos la colegiata de San Pedro; St. Michel; y muy peculiar el Groot-Begijnhof (Beatisterio), es como un pequeño pueblo donde los estudiantes de otros puntos de Europa vienen a estudiar, por lo tanto es una ciudad universitaria, tiene mucha animación y mucha vida en la calle. Me encantó una escultura justo detrás del ayuntamiento, llamada «Fuente de la sabiduría» ¡Ahora Tiene agua!!!!
El viaje continua y de camino a Amberes, vamos a ver Waterloo, lugar donde tuvo lugar la dura batalla en la que Napoleón fue derrotado por los ingleses. Puedes ver un museo, donde se reproducen los movimientos de todos los bandos, (ingleses, franceses y prusianos) y la batalla final. Lo impresionante del lugar es que en la cima de una pequeña colina, con muuuuuuchas escaleras que subir hay un gran monumento, con un león, para recordar lo que pasó allí y que jamás se volviera a repetir, (esa guerra es del siglo XIX, somos tan poco inteligentes los hombres, que seguimos inventando guerras…)
También hacemos una breve parada en Mechelén (se merece más tiempo) para ver la «Crucifixión» cuadro de Van Dyck, en la Catedral de St. Rombout.
Llegamos a Amberes, que será el lugar donde el viaje habrá terminado para la mitad de el equipo de viaje. Nuestro albergue estaba en un lugar precioso, cerca de un precioso lago, rodeado de árboles. En Amberes no hay que perderse la Casa de Rubens; la Catedral de Ntra. Señora; Groen Pats; Grote Markt, con su original Fuente de Silvio Bravo; la preciosa vista desde el Castillo de la Catedral. Incluso tiene un Barrio Rojo…
Fuimos a visitar cerca de Amberes un sitio llamado Bokrijk, donde están representadas las antiguas casas belgas y como vivían, sus trajes típicos, lo espectacular del lugar y del día en si, es que hubo un eclipse (la verdad es que no recuerdo si fue de sol y de luna), pero fue espectacular, para no dejar de mirar, aunque sea con gafas de sol.
Abandonamos Amberes para llegar a Lieja, ciudad industrial, muy gris, no muy bonita en aquel entonces, pero en el albergue teníamos una habitación para los dos, ¡con amor todo se ve con colores bonitos! Visitamos Huy, al borde de un río y a nuestro gusto más bonita que Lieja. Después visitamos Dinant, Un pintoresco pueblo con un bonito castillo y una Colegiata al borde del río.
Ya en las Ardenas cerca de Luxemburgo estaba la bonita Cascada Coode 15 metros, cuando las vimos nosotros quizá no caía tanta agua.
Ya entramos en Luxemburgo, pequeño país, grandes paisajes, la ciudad de Luxemburgo, preciosa: Notre Dame; sus plazas llenas de esculturas; los restos en sus monumentos de la cruenta 2ª Guerra Mundial; El Gran Palacio Ducal. Unas calles, con unas tiendas… que no estaban a nuestro alcance (seguramente hoy tampoco).
Luxemburgo, claramente influenciado por la 2ªGuerra Mundial, en sus pueblos Y en sus paisajes. Me impresionó el Museo de las Ardenas, en Clervaux, los cementerios en praderas verdes repletos de cruces blancas, te llenan de tristeza… Destacaría dos lugares muy muy bonitos, uno el pueblo de Vianden. la foto lo dice todo, merece la pena visitarlo y entrar dentro de sus murallas (Víctor Hugo también se enamoró de él). El otro sitio inolvidable es un lugar llamado El Valle de la Muerte (Mutherthal)En la zona llamada la «pequeña Suiza».
Después de 15 años es difícil reflejar todo lo vivido, lo sentido. Sólo se que no escribí nada entonces y que era una espinita que tenía clavada, se que no es lo mismo, pero… A raíz de aquel viaje empecé a escribir, porque quería que pasado el tiempo pudiera revivir esos momentos y volverlos a disfrutar. Termino con un breve recuerdo más: saborear, oler una cerveza de las «no se cuantas mil» que hay en Flandes con su copa especial y el recuerdo será total.
Creo que iré escribiendo poco a poco «mis viajes».
(Este artículo de mi blog está escrito cuando apenas sabía escribir en el blog😭🤣).
GRACIAS POR LLEGAR HASTA EL FINAL! SI TE HA GUSTADO, HÁZMELO SABER. 👍✍️ ME HARÍA MUCHA ILUSIÓN LEERTE Y SEGUIR COMPARTIENDO RUTAS Y VIAJES. 🗺️🫶
Las fotografías y los comentarios son de Imagina Y Vive Tu Viaje en Bélgica y Luxemburgo. Verano 1999.